🌙 El hogar donde todo respira...
- María Fuensanta Lasso Ruiz

- hace 6 días
- 4 min de lectura
Hay personas que atraviesan un hogar y solo encuentran paredes, muebles y objetos quietos.
A mí me susurran que respiran.
Huelo la humedad dormida en las paredes.
La sal viviendo dentro de la madera.
El calor que todavía queda en una taza recién usada.
Lo canta la llama de una vela cuando alguien la necesita.
Lo respira una masa creciendo bajo un paño limpio.
Lo cruje el pan recién abierto cuando todavía guarda fuego dentro.
Todo tiene pulso.
Todo transforma algo.
Todo deja algo de sí mismo en el mundo.

Y yo aprendí eso antes incluso de aprender la palabra magia.
No recuerdo un momento exacto en el que la magia apareciese en mi vida, porque para mí nunca llegó de golpe. Nunca fue una puerta que se abrió de repente ni una revelación teatral bajo la luna.
Simplemente estaba ahí.
En el olor de la levadura.
En el humo caliente de una cocina despierta antes del amanecer.
En las manos llenas de harina de mi madre.
En el sonido de una cuchara removiendo lento mientras alguien suspiraba.
En la calma que se queda después de un llanto.
En el cielo de la noche cuando mi padre y yo salíamos a respirar estrellas.
Aprendí muy pequeña que las personas cambian según la energía que las rodea.
Hay quienes creen que una emoción vive solamente dentro del cuerpo. Yo no. Yo la he visto quedarse en una habitación. En una voz. En una mesa. En una sopa. En la manera de cerrar una puerta.
De bebé lloraba antes incluso de entender por qué lloraba. Sentía cuándo una energía venía densa, rota, enfadada, cansada. Y aunque todavía no sabía hablar, mi cuerpo ya sabía leer.
Mi padre me cogía en brazos y salíamos afuera. Algunas veces caminábamos. Otras veces nos quedábamos mirando el cielo desde el coche, rodeados de silencio, respirando la noche como quien abre una ventana después de mucho humo.
Y allí lo veía cambiar.

La luna suavizando lo que pesaba.
El aire moviendo lo que estaba quieto.
La noche tragándose la furia poco a poco.
La respiración volviendo al cuerpo.
Yo crecí viendo eso.
Por eso nunca pude creer que las energías fueran una fantasía. Porque antes de ponerles nombre, yo ya había visto cómo transformaban los momentos.
Mientras tanto, mi infancia también olía a horno caliente.
Mi madre trabajaba entre masas, harinas y bandejas recién salidas del fuego. Y muchas veces, mientras ella seguía trabajando, me dejaba un pedazo de masa entre las manos para jugar.
Pero yo no me entretenía solamente.
Yo sentía.

La masa estaba viva.
Respiraba.
Crecía.
Se movía bajo los dedos.
Cambiaba con el calor.
Con el agua.
Con el tiempo.
Entre mis manos.
Todavía hoy sigo diciéndolo mientras cocino:
la masa está viva.
Y no lo digo como metáfora bonita. Lo digo porque la siento así. Como una pequeña criatura naciendo despacio. Como algo que necesita escucha, temperatura, paciencia y presencia.
Quizá por eso nunca pude separar la cocina de la magia.
Para mí siempre fueron el mismo lenguaje hablado con distintos acentos.
La alquimia ya existía en el caldo hirviendo lento de mi abuela.
En la fermentación de la masa de mi abuelo.
En las hierbas secándose al aire de mis tíos.
En el ajo, el laurel y la sal protegiendo un hogar sin que nadie lo llamara en voz alta.
En las manos de mi madre que cocinaban incluso cuando estaban cansadas.
En los rezos bajitos de mi tía.
En los cantos antiguos de mi padre.
En el pan compartido cada domingo.
En zumo de naranja templado con miel calmando la garganta y también el alma.
Crecí rodeada de muchos caminos distintos.
Magia verde.
Brujería y alquimia culinaria.
Rezos tradicionales para el mal de ojo y aliakán.
Energías angélicas.
Tradiciones latinas.
Influencias árabes.
Hierbas.
Aceites.
Piedras.
Lunas.
Fuego.
Intención.
Y lo más importante para mí..
Mi manera de habitar, sentir y compartir.
Y con el tiempo entendí algo que sigo sintiendo hoy:
Todo habla de lo mismo.
La energía cambia de nombre según quién la mire, pero el pulso sigue siendo el mismo.
Algunas personas lo llaman oración.
Otras intención.
Otras frecuencia.
Otras amor.
Otras magia.
Otras creación.

Otras fe.
Yo aprendí a sentirlo..
Antes de aprender a explicarlo.
Y todavía hoy sigo haciéndolo así.
Siento las casas.
Los objetos.
Las plantas.
Las piedras.
La comida.
Las personas.
Los lugares.
Los momentos.
El agua cuando alguien la toca.
La diferencia entre cocinar por obligación o cocinar con sintiendo y con presencia.
Porque sí, la comida cambia.
La materia escucha.

Por eso nunca he sabido seguir recetas del todo. Puedo leerlas, inspirarme, sentir otra mirada, entender sus procesos… pero al final siempre termino escuchando otra cosa.
Mi proceso, mi intuición.
Un impulso.
Una textura.
Un olor.
Un cambio.
Una emoción.
A veces una salsa tomatera pide una pizca de canela aunque nadie la espere.
A veces una focaccia necesita más aire en movimiento.
A veces la tierra aparece en una harina de coco espesa.
A veces una sopa necesita atención mientras hierve.
Y yo cocino así.
Sintiendo.
Escuchando.
Acercándome con el llamado.
Uniendo cosas que quizá no deberían encontrarse, pero cuando se abrazan crean lo que siento y deseo... Lo que soy.
Como el fuego y la sal.
Como la miel y el ajo.
Como el mar y la madera mojada.
Como en la cocina llena de plantas secándo cerca de la ventana abierta.
Con los años estudié y me inspiré en muchas cosas. Gastronomía, kinesiología, naturopatía, aromaterapia, energías, cuerpo, elementos. Pero cuanto más aprendía, más volvía al mismo lugar:
el hogar.. A mí.

Porque ahí ya estaba todo.
El fuego transformando.
El agua uniendo.
El aire dando vida a la forma.
La tierra sosteniendo aliento.
Y la esencia… habitándolo todo.
Ni siquiera creo que los elementos estén separados realmente.
La tierra guarda humedad.
El agua contiene memoria.
El aire mueve semillas.
El fuego vive dentro del cuerpo.
Y la vida respira incluso dentro de lo aparentemente quieto.
Por eso este lugar existe.
No para enseñarte.
No para decirte cómo debes sentir o vivir.
No para convertir la magia en un personaje ficticio.
Sino para compartir la manera en la que yo habito el mundo.

Un lugar donde:
las recetas tienen memoria,
las plantas guardan historias,
las velas acompañan,
las piedras descansan,
la cocina abraza,
la magia es vida,
y las emociones se transforman.
Quizá llegaste aquí buscando brujería.
Quizá cocina.
Quizá hogar.
Quizá solamente un lugar donde descansar un rato del ruido.
Sea lo que sea…
siéntate.
Todavía queda calor en la masa. 🌾






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