Carta de amor
- María Fuensanta Lasso Ruiz

- 16 abr
- 1 min de lectura
Actualizado: 18 abr
Amar…
siempre lo he sentido como algo ajedrezado,
lleno de colores que ni siquiera sabía nombrar,
de vidas que cambian, se cruzan, se transforman.
Amar nunca fue simple…
y quizá por eso es tan mágico.
A veces lo veo como una noria.
Girando… constante, viva.
Y qué regalo tan grande es
encontrar a alguien que quiera subir contigo,
que no solo se quede…
sino que elija girar en tu mismo mundo.
Contigo.
¿Sabes lo que se siente?
Poder hablar de lo invisible,
de lo que no todos ven…
de energía, de magia, de saltos que no se explican,
y que la otra persona no solo escuche, sino que lo reconozca.
Que lo sienta.
Ahí entendí algo muy profundo.
Que ningún amor es equivocado.
Que cada encuentro, cada historia,
cada latido compartido,
nos acerca un poco más
a ese lugar donde todo encaja.
Solo estamos aprendiendo
en qué noria queremos girar…
y con quién.
Y cuando sucede,
cuando encuentras esa mirada
que vibra en tu misma frecuencia,
todo se vuelve suave.
Ligero.
Real.
Porque el amor no entiende de tiempo
ni de espacio.
Es algo que atraviesa,
que envuelve,
que habita en lo más profundo
y lo transforma todo sin pedir permiso.
Es deseo,
es calma,
es fuego,
es hogar.
Y cuando llega así…
no se duda.
Se siente. 🌌🤍
Con sabor a cardamomo y canela,
Meryfu enciende la candela.







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